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así como también de su aplicación en la industria farmacéutica (Kandiannan et al.,
1996; Seran, 2013; Villegas Ramírez & Palma Zúñiga, 2019). Esta importancia se
atribuye a su compleja composición química, especialmente a los compuestos fenólicos
de su rizoma, como los gingeroles y shogaoles, que le confieren propiedades
antiinflamatorias, antioxidantes, antimicrobianas e inmunomoduladoras (Syafitri et al.,
2018; Zhang et al., 2021). Acuña & Torres (2010) y Platinetti et al. (2016) mencionan
su uso para el tratamiento de una gran variedad de enfermedades como artritis
reumatoide, hipercolesterolemia, asma, estreñimiento, entre otras. Mora et al. (2021)
publicaron la actividad antibacteriana in vitro de los extractos metanólicos de jengibre
frente a patógenos gram-positivos y gram-negativos, mostrando su actividad
antimicrobiana. Todos los usos antes mencionados se deben a que el rizoma posee una
oleorresina, donde el aceite esencial está constituido por sesquiterpenos (α-zingiberene,
arcurcumene, β-bisabolene) que proporcionan el aroma característico del jengibre; y la
resina está compuesta por gingerol, shogaol, zingerona, que otorgan la pungencia. Estos
últimos compuestos son responsables de las propiedades medicinales atribuidas a esta
especie (Acuña & Torres, 2010).
El jengibre, suele consumirse en forma de rizoma maduro fresco, en la
preparación de infusiones y alimentos funcionales, y también como condimento seco y
molido en el ámbito culinario. A pesar de su alta demanda, la propagación del jengibre
enfrenta limitaciones significativas. Al ser una especie estéril que no produce semillas
viables, su multiplicación depende exclusivamente de la propagación vegetativa a través
de segmentos de rizoma (Seran, 2013). Este método tradicional resulta lento y facilita la
transmisión sistémica de patógenos como hongos y bacterias, lo que reduce
drásticamente el rendimiento y la calidad fitosanitaria de los cultivos. Aquí es donde
cobra importancia la micropropagación como método de producción y expansión
comercial de muchos cultivos hortícolas. Frente a estos desafíos, la micropropagación in
vitro emerge como una herramienta biotecnológica crucial que permite la producción
masiva de plantas libres de enfermedades, homogéneas y de alta calidad en un espacio y
tiempo reducidos. Esta técnica tiene su esencia en la totipotencialidad de las especies
vegetales, donde la manipulación in vitro de células, tejidos u órganos permite la
regeneración de individuos completos, aprovechando su capacidad inherente de